Minutos antes y en el sitio acordado, nada nos impediría acudir a la cita con Gustavo Calle. En más de una charla había mencionado la segunda edición de su investigación, y ese día, finalmente, había llegado.
Subimos a paso veloz, conteniendo la respiración agitada. Al alcanzar el último peldaño, nos topamos con Luis Gómez, quien también venía al encuentro con la misión de dar fe del texto previamente leído. Tras el saludo y el abrazo (ese ritual de siempre y que nos gusta), coincidimos con el escritor Iván Apaza, aunque él iba rumbo a otra charla.
Intercambiamos apenas unas palabras antes de notar que, justo detrás, venía el protagonista: sí, Gustavo Calle. Llegaba con mochila en mano y los libros dentro; traía los ojos risueños, aunque no por enamorado, sino por esa gripe que días antes lo había tumbado. Con el tiempo justo, apresuramos el paso para entrar al salón.
En la testera aguardaba el buen Daniel Averanga, impaciente como siempre. No es un mal tipo, simplemente padece de una gran virtud: la puntualidad.
Con todos en sus puestos y listos, se dio inicio a la presentación: Daniel, con una implacable introducción literaria, abrió el evento. Ha sido meticuloso en su análisis; y cómo no, si leer y desmenuzar es lo que mejor le va.
La segunda posta fue para Luis Gómez, ese Juguete Rabioso al que con cariño llamamos ‘mexicano’. Él hizo hincapié en el ejercicio político en las plazas, trazó comparaciones tenaces y señaló una ausencia clave: la de las ‘warmis’ en esas grandes tertulias de puro machos. Mientras tanto, el autor asentía, tal vez proyectando ya una tercera edición o el rumbo de una nueva investigación.
Llegó el turno de cerrar para el protagonista. Con la voz todavía resentida por la gripe, Gustavo tomó la palabra: narró pasajes puntuales deshebrando el concepto de ‘submundo’, explicando por qué encaja con precisión. Cada una de sus palabras socava esa historia de hace cincuenta años (1970); ese ejercicio de la opinión pública callejera que ha marcado y seguirá marcando, el pulso boliviano.
Es esta pasión por indagar, por hallar una problemática y hacerla propia a través de la investigación, lo que nos inspira. Es lo que nos impulsa a apostar sin miedo y a soñar con la consolidación de nuestra editorial, Fundación waliki y Espacio Waliki. Estamos orgullosos; este año la vitalidad nos desborda al volcar nuestra mirada en lo literario. Es, simplemente, un estado de felicidad.