El Sapo Yatiri, listo está, bracerito en mano, incienso en el bolsillo y en su chuspa una damajuanita, hasta el tope, de licorcito de K’oa. Hoy, 24 de enero, la ch’alla corre por su cuenta.
Eligió una esquina del corazón de la Feria 16 de Julio en El Alto, tendió un tari (paño ceremonial) y cada 5 minutos consultaba en su iPhone 14 si ya eran las 12 del mediodía; con las pupilas dilatadas, el cachete derecho inflado por el pijcho y acomodándose el lluch’u y el sombrero, encendía su primer cigarrito en las brasas de su bracerito.
«Sábado va caer Alasita, uta… entonces va haber más gente», así planeaba una semana antes… La calle se empezó a llenar, se encendió el griterío de las caseras, oficialmente ya era mediodía; «¡Clientes, clientes!», le gritó un niño al Sapo Yatiri, la ch’alla ha empezado.
El primer grupo, una familia íntegra, sus sueños envueltos en papel sábana: un edificio de 5 pisos con tiendas, un camioncito, un terrenito, fajos de dólares y dos títulos de bachiller. Inicia el ritual: primero la ch’alla con alcohol, sahumada en el incienso, murmullos aymaras y para cerrar, un k’aj de licor de K’oa solo para los creyentes adultos… «¿Fuerte no?» dijo más de uno.
El Sapo Yatiri les cuenta: «El licor de K’oa es el invento de la ‘tía’ Justi, esa chola nacida en Charazani que en los 80′ llegó a El Alto y por su sabiduría herbolaria, fue más conocida como la ‘Warmi Kallawaya’. Es la yerbita que me acompaña, lo uso en rituales a la Pachamama, en ofrendas de gratitud y peticiones de prosperidad, este licorcito conecta lo terrenal con lo espiritual», explica contento.
«¿Y ese olorcito?», pregunta uno de sus clientes, el Sapo Yatiri dice: «esta hierba crece cerca a nuestro Lago Titicaca, es dura y soporta la altura, los abuelos lo usaban para la sopa de pescado, pero la tía Justi, a falta de platita para la chela, lo ha convertido en licor y desde los ’60, ya patrocinaba las fiestas de la mamita de El Carmen», mientras más contaba más clientes se reunían, los minutos volaban.
Una voz desde atrás grito: «voy a querer probar cuando llegue mi turno, no se lo terminen pues», mientras reinó uno segundos de silencio, esa vocecita se hizo espacio, se metió hasta adelante, era una vecina, ya de frente ante el Sapo Yatiri, asestó su pregunta: «¿Y por qué challas con este licor?»
«Ya caseritas me están perjudicando, me están haciendo perder platita, es lo último que les voy a contar» decía el yatiri mirando la fila que había causado: «Este licor ya tiene su propio ajayu de gratitud y reciprocidad, la ch’alla con su aroma es para pedir protección, prosperidad y permiso para obtener beneficios, asegurando la continuidad de la buena fortuna, ya caseritos ya les he contado todo, ahora por favor déjeme trabajar ya…»
El sapo yatiri, despachó a lo primeros clientes y se dispuso atender a los siguientes… Con vos cansada pero emocionada les gritó a sus clientes…»Se van a alistar platita, 10 billetitos de la fortuna es la ch’alla ya…»